Punto de vista de Maeve
Me sentía caliente.
Un calor inusual. No era el calor hirviente de una fiebre, sino más bien el calor de un nuevo día, brillando sobre mí.
Mi cuerpo crujió y gruñó como madera desgastada cuando rodé sobre mi espalda. No recordaba haberme dormido con tanta incomodidad...
Debía de haber dormido en una posición extraña.
Me froté los ojos, aún somnolientos y nublados por gruesas capas de sueño. Cuando abrí los ojos esta vez, con una mueca de dolor por el respland