Ella no tardaría mucho en seguir a su padre al más allá.
El infierno era un lugar caliente, Nicolás pensó para sí mismo.
“Y en cuanto a ti...”, dijo Arlan, entrecerrando los ojos hacia Nicolás, que enderezó la postura, esperando oír lo que el Rey le tenía preparado. Dejó claro que no tenía nada que ver con ninguno de los asuntos de su padre y que no quería saber nada más de su familia. La preocupación bullía en su pecho ante la idea de que el Rey no le creyera y quisiera castigarlo por un cri