El grito psíquico del Arquitecto se convirtió en uno físico, un sonido crudo y gutural de una mente que se desgarraba a sí misma. El ciclo de retroalimentación era un fuego, y ellos eran la leña. La propia Aguja gimió, un sonido de metal torturado y cristal bajo tensión, mientras su comando central era abrumado por una paradoja que no podía resolver.
Con una serie de agudos tintineos cristalinos, el vidrio de los tubos se hizo añicos. El gel espeso se drenó de golpe, derramándose sobre el suelo