La nota tenía dos palabras.
No firmes.
No había más. Solo eso, escrito con la letra angulosa que Adriana ya reconocía sin necesidad de confirmación, doblado en un triángulo pequeño y metido bajo el tallo de la segunda camelia desde la izquierda, exactamente donde Eulalia le había dicho que dejaría los mensajes cuando fueran urgentes.
Urgente era la palabra correcta.
Adriana llevaba tres días sabiendo que Tomás había convocado a su notario para el miércoles. La ceremonia de firma, aunque su padre