La sala de revisión del ministerio tenía las sillas colocadas de un modo que Adriana reconoció desde la puerta: frente a frente, con una mesa central lo bastante ancha para que nadie pudiera tocar la mano de nadie sin que lo viera todo el mundo. Era un diseño pensado para la contradicción. Para que dos personas que supuestamente habían compartido algo íntimo tuvieran que demostrarlo bajo condiciones diseñadas para hacer imposible cualquier cosa que no fuera la tensión más pura.
Renard estaba al