Mundo ficciónIniciar sesiónAdriana fue a Cap-d’Ail.
A cuarenta minutos de Mónaco por carretera, con el mar a la derecha y los acantilados al fondo, era el lugar más cercano que no era Mónaco: lo bastante lejos para que el apartamento de Franco no fuera el horizonte visible desde cada ventana, lo bastante cerca para que la distancia no pudiera confundirse con fuga.
Reservó dos noches en un hotel pequeño sobre la costa. Habitación con terraza, sin minibar, sin televisión. Llevaba una bolsa con tres cambios







