Salieron a las seis y diez.
No en coche oficial, no por la salida de servicio que Adriana había usado en la fuga de prueba, sino por un recorrido más largo y más humillante precisamente porque era mejor: dos calles a pie por el costado de Fontvieille, una furgoneta gris sin marca, y luego la subida medida hacia Monaco-Ville desde un punto donde no parecían llegar, sino simplemente pertenecer al flujo de gente que siempre parecía saber adónde iba.
Damián condujo los primeros minutos. No habló. Fr