Franco llegó a la residencia Rinaldi a las cinco y cuarenta y siete.
El edificio estaba en Fontvieille viejo, a nueve minutos del pabellón por la ruta corta, en esa zona del Principado donde el lujo era más funcional que decorativo: fachadas discretas, porteros sin librea, dinero antiguo sin necesidad de demostrar nada. Franco conocía el edificio desde hacía años. Había pagado aquel apartamento durante dieciocho meses después de la muerte del padre de Bianca, cuando ella tenía veintidós y la ún