Gael movió antes de las nueve.
No lo hizo con una amenaza directa ni con una llamada privada. Los hombres como él no golpeaban la puerta cuando podían hacer que toda la ciudad mirara hacia ella al mismo tiempo.
El primer enlace llegó por Lucía.
Después llegaron otros seis.
Damián los abrió en la pantalla principal del pabellón y Franco supo que la mañana acababa de perder cualquier posibilidad de orden. No por el titular, que era previsible, sino por la precisión con que el ataque había sido ar