El medallón apareció en el quinto escondite.
No en los cuatro primeros —cajón de la consola del pasillo de servicio, doble fondo del armario de invierno, falso suelo detrás de la tubería de la calefacción, marco trasero del espejo del corredor—, sino en el quinto, que era también el más evidente si se conocía a Mara: debajo de la segunda baldosa a la derecha del banco de la capilla, en el punto exacto donde nunca se arrodillaba.
Franco lo encontró cuando Adriana llevaba tres horas guiándolo por