Volvieron en silencio.
Era un silencio que no pedía llenarse: la densidad específica de dos personas que acababan de compartir una información capaz de cambiar el tamaño de una conversación y necesitaban tiempo para recolocar los bordes antes de hablar de nuevo.
El callejón de vuelta olía igual que el de ida. En el segundo estrechamiento Adriana avanzó un centímetro hacia el centro para reducir el contacto, y ese centímetro fue también una decisión deliberada: una forma de admitir que el contact