Damián puso los términos del periodo de observación sobre la mesa de trabajo a las ocho de la mañana: dos páginas, lenguaje técnico, ninguna restricción formal sobre movimiento ni sobre comunicación, pero sí una cláusula que Adriana leyó tres veces antes de estar segura de haberla entendido.
El ministerio podía solicitar, en cualquier momento de esos catorce días, la presencia de ambos en consultas informales. Sin fecha previa. Sin agenda definida. A discreción de Renard.
Era vigilancia con gua