**Tercera persona – El movimiento de Diana**
Diana no gritó. No lloró. No confrontó a nadie. Esperó, dejando que el veneno de la reunión del consejo se asentara y cristalizara en un plan.
Dos días después, abandonó la mansión con el pretexto de visitar una boutique en la ciudad. Despidió a su chófer tres calles antes y caminó el resto del trayecto, entrando en un bar privado, solo para miembros, cerca de los muelles industriales. Era un lugar para tratos que no requerían testigos.
El hombre que