Damon finalmente giró la cabeza para mirarla. Su rostro estaba endurecido, con la mandíbula tensa. Había servido con él durante doce años. Lo había visto tomar decisiones difíciles, decisiones imposibles. Nunca antes lo había cuestionado de esa manera.
—Estoy en control —dijo él.
Reyes sostuvo su mirada.
—No —respondió—. No lo estás.
El silencio llenó la habitación. El zumbido de los monitores era el único sonido. La expresión de Damon no cambió, pero algo se movió detrás de sus ojos.
—Déjalo e