VALENTE
No había dormido en dos días.
No me sentía cansado. Sentía algo más. Inquietud. Agudeza. Enfoque. Todo en mí estaba fijo en una sola cosa. Aria.
Estaba de pie frente a la mesa, con ambas manos presionadas contra el borde, mirando los mapas extendidos delante de mí. Planos impresos. Notas dibujadas a mano. Rutas marcadas. Puntos de entrada. Zonas de seguridad. Los había revisado todos. Una y otra vez. Cada línea. Cada pasillo. Cada posible debilidad. Ahora conocía la estructura. No a la