Punto de vista de Aria
No fue un movimiento calculado. Fue puro instinto. Mis manos eran garras, apuntando a sus ojos, a su rostro. No pensaba en las consecuencias. Quería lastimarlo. Quería hacerlo sangrar. Estuve cerca, mis uñas arañando su mejilla antes de que pudiera reaccionar por completo.
Gruñó sorprendido, agarrándome las muñecas, pero yo era un torbellino de movimientos, pateando, forcejeando, escupiéndole maldiciones.
Valente apareció en un instante. Sus brazos me rodearon por detrás, separándome de Lucca con una fuerza tan natural que mis forcejeos parecían patéticos. Me jaló hacia atrás y me empujó sobre la cama. No fue un empujón cruel, pero sí firme, definitivo. El colchón rebotó con la fuerza.
—Basta —dijo bruscamente, su voz cortando mis jadeos. Sus ojos, oscuros e indescifrables, se clavaron en los míos. —Lucca, lárgate. Busca algo útil que hacer. Ahora.
Lucca no retrocedió de inmediato. Se tocó los leves rasguños rojos en la mejilla, con los ojos ardiendo con la prom