**Punto de vista de Aria**
Una oleada de pánico puro y sin filtros me atravesó con tanta fuerza que me lanzó fuera de la cama. Tambaleé, las piernas débiles y temblorosas, el cuerpo gritándome por el parto reciente, por la pelea, por las drogas. Un dolor agudo y tirante me recordó los puntos.
—No —susurré, y luego más fuerte—. No, no, no, no… ¡mi bebé! ¿Dónde está mi bebé? ¡¿DÓNDE ESTÁ MI HIJO?!
El silencio de la habitación fue una respuesta más aterradora que cualquier ruido.
Avancé a trompicones hasta la puerta, con las manos temblándome violentamente. Agarré el pomo frío de bronce y giré.
No giró.
Encerrada.
—¡NO! —El grito salió cargado de terror.
Golpeé ambas palmas contra la madera maciza.
—¡DÉJENME SALIR! ¡ABRAN ESTA PUERTA AHORA MISMO!
Aporreé con los puños una y otra vez; el ruido retumbaba en la habitación silenciosa. Los nudillos empezaron a dolerme, luego a arder.
—¡DEVUÉLVANME A MI BEBÉ! ¡DEVUÉLVANMELO! ¡¿DÓNDE ESTÁ?! ¡¿A DÓNDE SE LO LLEVARON?!
No hubo respuesta. Ni u