El sonido de los disparos me golpeó primero. Seco, fuerte, demasiado cerca. Los estallidos retumbaron por los pasillos de la clínica antes de que yo siquiera llegara a la habitación. Empujé la puerta y entré corriendo. Donnie y Michael estaban en el suelo, la sangre extendiéndose por sus camisas, intentando ponerse de pie. Un hombre enmascarado vestido de negro estaba encima de Donnie, apretándole un cuchillo en la garganta.
El pecho se me cerró como un puño.
—¡Aria! —grité.
Su grito llegó desd