### Punto de vista de Aria
El aire entre nosotros estaba cargado de electricidad, impregnado de nuestros gritos y nuestras respiraciones agitadas. Mi bebé lloraba a pleno pulmón ahora, asustado por el ruido. Lo abracé con fuerza, pero no podía apartar la mirada de la ardiente mirada de Valente.
Él respiraba con dificultad, su pecho subiendo y bajando. La ira en sus ojos era fundida, pero debajo de ella, vi algo más: frustración, una intensidad desesperada que igualaba la mía.
«No te separarás de él», dijo, las palabras como un voto bajo y tenso.
Lo miré fijamente, mi mente dando vueltas. «Repite eso».
«Lo tendrás contigo», dijo, cada palabra deliberada. «En todo momento. En España. Él se queda contigo».
No me relajé. La promesa parecía un truco. «Ninguna otra mujer lo toca», declaré, mi voz temblando. «Ni Sabrina. Ni una niñera que contrates. Ni Elisa. Nadie».
«De acuerdo», dijo de inmediato.
«Y nada de Lucca», agregué, mi voz endureciéndose. «No se acerca a menos de una milla de noso