VALENTE
Valente no había dormido en cinco días.
No recordaba qué se sentía al dormir. Su cuerpo era una máquina alimentada por rabia, cafeína y un miedo frío y triturador. Las luces de la casa principal permanecían encendidas día y noche. Hombres entraban y salían de cada habitación constantemente. El sonido de botas pesadas sobre los suelos de mármol era una percusión incesante. En la armería, se escuchaba el repetido clic-clac metálico de las armas siendo desmontadas, limpiadas y vueltamente