**Punto de vista de Aria**
El salón no volvió a respirar inmediatamente después del anuncio de Don Salazar.
La gente se quedó congelada, una galería de estatuas vestidas de seda y lana. Algunos permanecieron con las copas a medio camino hacia los labios. Otros se sentaron rígidos en sus sillas. Algunos me miraban como si me hubiera transformado en otra especie delante de sus ojos. El aire estaba espeso de conmoción, envidia y cálculos rápidos.
La mano de Valente encontró la mía. Su agarre era f