Nadia.-
Pensé que lo peor que me podía pasar esta semana era haber peleado con Lina y verla partir de la mansión.
Pero, no lo peor estaba ante mis ojos, la mujer que me había dado la vida, por la que había derramado tantas lágrimas, estaba allí caminando tranquilamente por las calles de Constanza, estuvo tan cerca, todos estos años.
— ¿Por qué no me lo dijiste antes? –le pregunté a Emil, sin apartar mis ojos de ella.
— Queríamos estar seguros, de que fuera ella.
— Es evidente que Desmond no