Nadia.-
Como me había enseñado Lina un poco de seducción y conseguirás lo que deseas de cualquier hombre, claro Emil intentó enseñarme el arte de la seducción, pero él es hombre, no es un experto.
Así que usé mis dotes enseñados por mi mejor amiga, pero ahora…ahora había caído en las redes de mi marido, sintiendo la gloria debajo de sus labios moviéndose con tenacidad en mi punto más débil, robándome gemidos sin cesar.
Tanto que había olvidado mi propósito cuando ingresó a nuestra habitación,