Marko.-
— ¡Maldita sea! –golpeó con fuerza el teclado del cajero al nota que ya no me queda un solo centavo, mi respiración se agita con fuerza ante la desesperación que me invade.
He estado huyendo, cambiándome de una ciudad a otra, de un país a otro, después de enterarme que el nuevo líder de la mafia rumana y aliado de las triadas le puso un precio a mi cabeza, había escuchado de él, pero hasta ahora se había presentado como un fantasma, pocas personas tenían el horror de verlo de cerca. ¿E