El amanecer en Manhattan no trajo paz. Nicolay sigue encerrado en su despacho con esa sensación de haber perdido su vida y eso solo sirve para que se vea más cansado. No pudo descansar en toda la noche. Todavía siente el calor del lanzallamas en las manos y el vacío que dejó Emily al marcharse, es como un hueco en el pecho que no lo deja respirar.
Pero de repente, el silencio de la mansión se rompe. Un grito fuerte, lleno de vida, atraviesa las paredes. Es el llanto de un bebé. Nicolay se levan