La luz del alba se filtró por las rendijas de las persianas del estudio, pero para Declan, el nuevo día no trajo claridad, solo una pesadez más profunda. Se incorporó en el sofá de cuero, sintiendo cada vértebra de su espalda como si fuera de cristal a punto de romperse. Había dormido, sí, pero no había descansado. Fue un sueño negro, poblado de sombras y ruidos estáticos, que no logró restaurar ni una gota de su energía.
Se puso de pie y el mundo se inclinó. Tuvo que apoyarse en la estantería