Valentina sostenía el teléfono contra su oreja como si fuera un objeto que quemara. Las palabras de Arthur Fairchild seguían flotando en el aire, cargadas de una injusticia tan densa que sentía que se asfixiaba.
—Padre... no puedo creer que me estés pidiendo algo así —logró articular, con la voz temblorosa por la indignación—. Edward me humilló. Verónica...
Iba a decirle que Verónica la traicionó, sin embargo de seguro su padre le preguntaría sobre ello y solo dudaría de ello.
—¿Qué ocurre con