Mientras Valentina recuperaba su esencia en el nuevo estudio del Penthouse, al otro lado de la ciudad, el ambiente era mucho más hostil. Verónica se encontraba en una de las aulas de la facultad de diseño, apretando los puños con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos.
Frente a ella, sobre el escritorio, descansaba el proyecto que había entregado la semana anterior. El número rojo de la calificación resaltaba como una herida: era una nota mediocre, casi al borde del reproche.
—¿Es una br