Capítulo 17
El consultorio olía a antiséptico y a esa calma artificial que solo los hospitales poseen. Una doctora de complexión pequeña, con una sonrisa amable que irradiaba profesionalismo, los recibió. Tras presentarse, invitó a Valentina a sentarse en la camilla de exploración mientras Declan permanecía de pie, como un guardián silencioso de mármol.
Valentina, con las manos entrelazadas y los nudillos blancos por la tensión, empezó a hablar con una voz pequeña, tratando de minimizarlo todo.