El aire se volvió irrespirable en cuanto Valentina cruzó el umbral del edificio. La calma que había intentado fingir se hizo añicos cuando el estruendo de los flashes y el griterío de los reporteros la golpearon de frente. Eran decenas de ellos, surgiendo de la nada, asfixiándola con cámaras y micrófonos que parecían armas apuntando directamente a su rostro.
—¡Valentina! ¿Es cierto que engañaste a Edward Sutton?
—¿Quién es el hombre de la foto?
—¿Te han echado de la compañía?
Las pregunta