—Efectivamente —comentó la doctora con una sonrisa—. Aquí está. Por las medidas, estamos hablando de unas 8 semanas de gestación.
El silencio que siguió fue atronador. Declan, que no había parpadeado, sintió que un rayo lo atravesaba. 8 semanas. Hizo el cálculo mental en un segundo: el tiempo exacto desde aquella noche en el hotel. La noche del desastre. La noche en que sus vidas se anudaron sin permiso.
—¿Está segura, doctora? —la voz de Declan sonó ronca, casi irreconocible—. ¿Realmente hay u