La luz de la mañana se filtraba con una timidez hipócrita a través de las cortinas de aquel restaurante apartado, lejos de las miradas curiosas de la élite que solía frecuentar Declan. Allí, en un rincón sumido en penumbras, Lorena Miller no parecía la prometida recatada y estratégica que la ciudad conocía. Sus dedos se entrelazaban con los de Lucas Park, un hombre que la miraba con un hambre que nada tenía que ver con las acciones de bolsa o las alianzas matrimoniales.
Lorena se inclinó hacia