No estaba dispuesto a quedarse de brazos cruzados mientras Edward Sutton arrastraba su nombre y, peor aún, el de Valentina, por el fango de la opinión pública. Frente a él, sentado con una postura rígida y una carpeta llena de recortes de prensa, estaba su abogado principal, Mark Belmont.
—Quiero una demanda por difamación, Mark. Quiero que Edward Sutton pierda hasta el último centavo que tiene por haber publicado esa basura —exigió Declan, con la voz cargada de una furia gélida.
Mark Belmont