Semanas después del estallido mediático, la corporación Westerfield respiraba un aire de triunfo temporal. El lanzamiento del nuevo proyecto tecnológico, en el que Declan había volcado toda su rabia y energía para no pensar en su vacío personal, había sido un éxito rotundo. Las acciones subieron y el nombre de la empresa volvía a brillar.
Bajo la presión de su equipo y como una táctica para mantener las apariencias, Declan convocó a una cena de celebración en uno de los restaurantes más lujosos