— Solo son tres días, mi niña preciosa —Lady Clara apretó con fuerza el menudo cuerpo de su hija menor—, pronto volveremos. —La mujer mayor suspiró, llenando sus fosas nasales del delicioso perfume que desprendía.
— ¡Pero yo quiero ir! Nunca me permiten acompañarlos —lloró con dolor por la mala fortuna de no poder acompañar a sus padres.
— No llores, Kristen, estaremos bien y mamá también. —Clarisse intentó infructuosamente conciliar ante el derroche de dolor que mostraba la pequeña Morrison.
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