Dos días después…
Las jóvenes Morrison cabalgaban como ases rompiendo el viento, como si fuesen valquirias protegiendo su territorio; un trío de hermosas féminas que daban sutileza y un agradable matiz de inocencia al mundo en el que vivían. A medida que se alejaron de la casa materna, sus sonrisas cómplices entornaron un juego que de muy niñas practicaban sobre sus monturas.
Kristen soltó las riendas y abrió los brazos, dejando que su rostro fuera acariciado por el viento. Clarisse —quien era