La salida de la Mansión Richards por parte de Clarisse y el Duque fue hecha a altas horas de la noche, habiendo dejado mucho más tranquila a Lady Ann, quien lloraba desesperada ante la advertencia de su madre; pero el Barón resolvió encerrar a la fiera en sus aposentos hasta que se calmara.
Anston esperaba tratando infructuosamente de calmarse ante el embrollo, y menos al tener conciencia de que Lady Amanda era una arpía de las peores, que solo deseaba casar a sus hijas con hombres nobles para