Tres personas permanecieron en un silencio casi acogedor dentro del minúsculo carruaje que los trasladaba a la Mansión Richards, cada uno sumido en sus pensamientos, tratando de encontrar la solución al problema que se había suscitado momentos antes en el Baile de las Rosas en casa de los Marqueses.
Lady Ann moría de la ansiedad ante lo que pudiera suceder frente a su madre, quien ni ya que, según su criterio, influenciada por una Clarisse poco íntegra, había dejado de ser sumisa y obediente. Te