Capítulo 18
Laura Strondda
El día había sido agotador, entré en esa casa loca con ganas de tirarme en la cama y dormir. Me quité el vestido que me apretaba, tiré los zapatos a un rincón y me solté el pelo. Me puse una camisola color perla y, cuando fui a coger el cepillo del pelo, sentí esa mano grande y caliente sobre la mía.
—¿Qué estás haciendo? ¿No ibas a cenar? —Me giré parcialmente hacia él.
— Comeré más tarde, si tengo hambre. Déjame peinarte...
— ¿Y tú sabes? ¿Por qué quier