Capítulo 76 — La mano del desconocido
Narrador:
Santiago se había marchado al amanecer, con el rostro todavía tenso y las manos oliendo a alcohol y sangre vieja.
—Voy al pueblo —había dicho, sin mirar a Eloísa demasiado tiempo—. Necesitamos más antibióticos, suero, algo para bajar esa fiebre… y gasas, muchas gasas.
Eloísa había asentido, con la devoción clavada en el cuerpo como una segunda piel. No preguntó cuánto tardaría ni cómo haría para conseguirlo. No porque no le importara, sino porque s