Capítulo 51—Reposo obligado
Narrador:
La noche cayó sobre la finca con una lentitud engañosa, como si el lugar quisiera fingir normalidad.
Las luces exteriores se encendieron una a una, dibujando sombras largas sobre los jardines recortados con precisión excesiva. No era una casa de descanso. Camila lo entendió mientras observaba el techo desde la cama, con el tobillo inmovilizado entre almohadas, el cuerpo cansado y la mente incapaz de quedarse quieta.
Tony estaba ahí. No en una silla, no en el