Habían pasado algunas semanas desde que Arvid se enteró de que Camila había asesinado a su madre y de que, al intentar escapar, terminó accidentándose. Ella aún se encontraba internada. Él había ido varias veces a visitarla, pero no lo dejaban ingresar; los policías pasaban haciendo guardia día y noche. Así fue hasta ese día, en que con ayuda de su amigo Fred logró entrar.
—Promete que no harás una locura —le dijo Fred.
—No arruinaré mi vida asesinando a esa mujer.
—Bien, los entretendré.
Fred