187. Como un animal en exhibición
Mi hermana sonríe, claramente satisfecha con su respuesta. Cuando la orquesta empieza a tocar, me hace un gesto y tira de James hacia la pista de baile.
De nuevo a solas, voy en busca de Mia. Cuando por fin la encuentro, se gira hacia mí con una sonrisa que, incluso después de todos estos meses, todavía consigue que mi corazón se acelere como el de un adolescente.
—¿Sobreviviendo, perdición? —pregunto, rozando suavemente su mano.
—Sorprendentemente, sí —responde, y noto el brillo en sus ojos—.