Aquella mañana desperté con una sensación extraña en el vientre. Aunque últimamente ese tipo de sensaciones eran constantes. Habían pasado meses y ya cada vez estaba más cerca que pudiera dar a luz.
Estaba trabajando en la iglesia cuando el pincel se me cayó de los dedos.
Parpadeé.
Llevé una mano al borde de la pared que estaba restaurando.
Un dolor atravesó mi vientre.
Fuerte.
Tan fuerte que me dejó sin aire durante unos segundos.
—¿Viktoria? —preguntó Bianca desde el otro extremo de la igles