—¡Mamá! ¡Mira lo que encontré!
Levanté la vista del cuaderno donde estaba revisando unos bocetos de restauración.
Cael corría por la playa con una enorme sonrisa en el rostro. Sostenía una caracola entre las manos como si acabara de descubrir un tesoro perdido.
—Es preciosa —le dije.
—¿Verdad que sí?
—La más bonita de toda la playa.
Aquello hizo que sonriera aún más.
Y salió corriendo otra vez.
Lo observé alejarse por la orilla mientras el viento agitaba su cabello oscuro.
Cinco años.
Habían pa