Habían pasado dos meses desde que llegué.
Si alguien me hubiera dicho que encontraría paz después de todo lo ocurrido, no lo habría creído.
Y, sin embargo, allí estaba.
Viviendo en un pequeño pueblo costero donde nadie conocía mi apellido.
Donde nadie sabía quién era Iván Volkov.
Donde nadie había oído hablar de Ciro Cavalli.
Donde yo podía ser simplemente Viktoria.
Nada más.
El padre Giuseppe cumplió su palabra.
Me dio un techo cuando no tenía nada. Me presentó a los habitantes del pueblo y, p