91: Prisionera Otra Vez

Ciro se encerró en su despacho durante dos días.

No salió a comer. No subió a dormir. No se cruzó conmigo en ningún pasillo. La mansión era lo bastante grande para que dos personas pudieran evitarse por completo, y él se aseguró de que así fuera.

Yo tampoco salí de mi habitación. No porque no quisiera. Sino porque no tenía fuerzas.

Me pasaba las horas sentada en la cama, con las cortinas cerradas y la mirada perdida. Apenas dormía. Apenas hablaba. Apenas comía.

No tenía hambre.

No tenía fuerzas
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