Durante varios segundos me quedé mirando a Enzo.
—Déjame pasar —insistí.
Mi voz salió rota, pero procuré sonar firme.
Él suspiró.
—Viktoria...
—Solo quiero hablar con él.
—Y yo te estoy diciendo que ahora mismo es una mala idea.
—¿Por qué? ¿Porque está enfadado? ¿Porque no quiere verme? ¿Porque decidió que ya no existo?
Enzo apretó la mandíbula.
—Porque nada de lo que digas va a cambiar cómo se siente en este momento.
Aquello me dolió más de lo que esperaba.
Miré la puerta cerrada del despacho