Desperté antes de abrir los ojos.
Fue una sensación extraña. El calor de unas manos rodeándome la cintura. Un pecho firme contra mi espalda. Una respiración tranquila junto a mi cabello.
Y entonces recordé.
Todo.
Mis mejillas se calentaron de inmediato.
Abrí los ojos despacio.
La habitación estaba iluminada por la luz suave de la mañana. Ciro seguía dormido. O al menos eso creí.
Porque un segundo después levantó la cabeza y me miró.
Parecía ligeramente confundido.
—Buenos días —murmuré.
Parpade