No tuve que esperar demasiado para descubrir qué tenía Ciro en mente.
Después de que llegáramos a la conclusión de que Francesca estaba trabajando con Ivan Volkov, él no hizo nada impulsivo. No levantó la voz. No rompió nada.
Solo sonrió.
Y eso me preocupó bastante.
—¿Qué estás planeando? —pregunté.
Ciro cerró la carpeta que tenía delante.
—Aguarda.
Odiaba cuando respondía así.
Tomó el teléfono del despacho y llamó a Enzo.
—Enzo, has venir a Francesca. Dile que el documento está listo y firmado